Aproximaciones a la psicología del pedófilo

Blas Ramón © 20160706

La pedofilia es un problema clínico, social y legal

La imagen popular del pedófilo es la de un varón de cierta edad, al que se asocian una o varias parafilias. La imagen popular es, además, de sujeto de apariencia repulsiva. En ocasiones, también, pederasta asesino. La imagen reciente del individuo investigado por el caso Yeremi Vargas, el niño canario desaparecido en 2007, es el vivo retrato del estereotipo mediático de pedófilo.

 

Vaya por delante que no es objetivo de este artículo abordar bajo ningún aspecto el caso concreto de Yeremi, del que solo queremos y deseamos se esclarezca cuanto antes y se depuren todas las responsabilidades sobre el mismo. Así como de ningún otro.

 

Lamentablemente el problema de la pedofilia y los abusos sexuales a menores no es algo nuevo, genera repulsa social y no le es indiferente a casi nadie. Cuando estos casos salen a la luz se produce consternación y condena unánime, pero también, en muchos casos un tratamiento mediático que, en algunos casos, lejos de informar correctamente, genera ideas erróneas en torno a la pedofilia y su tratamiento. Es muy importante entender que a los pedófilos no es el cuerpo infantil.

 

¿Que le pasa por la cabeza a alguien que ante la presencia, imagen o imaginación de un niño, se le despiertan instintos sexuales en lugar de instintos de crianza?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Haremos bien, antes de continuar con esta aproximación a la psicología del pedófilo, en definir y ubicar algunos términos que nos podrían llevar a confusión en este delicado asunto. ¿Es lo mismo un pedófilo que un pederasta?

La respuesta inequívoca es No.

 

La pedofilia consiste en una atracción erótica o sexual de un adulto hacia un niño, mientras que la pederastia identifica a los abusadores infantiles. La distinción entre tendencia sexual (pedofilia) y la práctica abusiva y delictiva (pederastia) son conceptos pertenecientes a esferas distintas: por una parte, la esfera de la psicología y de la medicina, si se acepta la pedofilia cono un trastorno, y por otra la del ámbito del derecho y la justicia en el que se sitúa al pederasta.

 

 No obstante, y si bien se trata de dos realidades distintas, el pederasta es casi siempre pedófilo, aunque el pedófilo no sea siempre también pederasta. Y es este, precisamente, uno de los matices más relevantes para delimitar la frontera entre lo que es delito y lo que no, o lo que siendo igualmente un crimen está mediado por un trastorno mental y psicológico. No obstante esto, parece claro que los abusadores de niños, estén o no estén influidos por un trastorno psicológico, constituyen un peligro para los menores y debemos saberlo prevenir y controlar.

 

 

El maestro Echeburua, catedrático de psicología de la Universidad del País Vasco y escritor científico al que leemos con interés, nos dice que el origen de la pedofilia como patología la podemos encontrar en la experiencias nocivas y la condición de víctimas vividas durante la adolescencia; y nos recomienda a todos, a todos los que por uno u otro motivo hablamos y opinamos sobre estos temas: que no debemos confundir la pedofilia con el abuso sexual infantil.
 
Los pedófilos abusan sexualmente de los niños, salvo en raras excepciones que suelen limitar sus acciones a fantasías masturbatorias con menores, Pero existen abusadores que no son propiamente pedófilos, sino individuos que presentan una orientación sexual claramente dirigida hacia los adultos, pero que en determinadas ocasiones o circunstancias de estrés, ira o aislamiento pueden llevar a cabo conductas delictivas con menores. Es muy frecuente que estos abusadores , pedófilos o no pertenezcan al entorno más próximo de los niños y niñas abusados. Se trata de un tema complejo y complicado debido a que tan sólo un 2% de los abusos sexuales se detectan en el momento en que se producen. Las víctimas pueden esconder la existencia de estas conductas por parte de un allegado o conocido por diferentes razones, miedo, temor a conflictos familiares, a la represalia del agresor, a cambio de obtener regalos, etc. Los agresores sexuales suelen utilizar esta presión psicológica para asegurarse el silencio del menor.
 
En este sentido TENGAN EN CUENTA LO SIGUIENTE:
Cuando notamos en los menores cambios bruscos en su comportamiento  y en el humor, retraimiento, temor y llanto excesivo; cuando se orinan en la cama, tiene pesadillas, temor a irse a dormir u otras perturbaciones durante el sueño; cuando aparece una conducta sexual impropia, interés inusitado por cuestiones sexuales; cuando se expresan súbitamente con sentimientos agresivos y rebeldes, padecer retroceso al comportamiento infantil y manifiestan temor a lugares concretos, a actividades y a personas, especialmente a estar a solas con ciertas personas; entonces la probabilidad de estar sufriendo algún tipo de abuso es importante y no debemos ignorarla bajo ningún concepto u excusa.


Los pedófilos sienten un impulso irrefrenable y saltan de la fantasía a la realidad, eso los convierte en imprevisibles. En muchos casos, una depresión, el fracaso en las relaciones afectivas, la ingesta de sustancias, especialmente alcohol, pueden inhibir al individuo y desencadenar un comportamiento de abuso contra los menores más cercanos, sean  familia, hijos de amigos, vecinos. 

 
El pedófilo puede ser un hombre o una mujer, estas son minoría, y si hay algo en común a todos ellos es que son reiterativos en su conducta de abuso, si no se les detiene y , sobre todo, si no se les corrige. En el año 1991, trabajando para el equipo de tratamiento del servicio de trabajo y rehabilitación en la prisión modelo de Barcelona, un interno pedofilo condenado a muchos años por abusar de varios de sus sobrinos en Palma de Mayorca, y que había sido agredido hasta casi la muerte por el código carcelario de los Kie (presos dominantes).  En las cárceles hay diferente jerarquía de delincuentes y los violadores y pedófilos son los más indeseables para asesinos, atracadores, estafadores, traficantes. Vivió aislado, sin aceptar ningún tipo de tratamiento y al salir, con un tercer grado, volvió a cometer abusos e ingresó de nuevo en prisión. Probablemente los tratamientos dirigidos solamente a abordar el impulso sexual,usados predominantemente por los equipos  terapéuticos penitenciarios de entonces, tampoco hubiese conseguido minimizar las posibilidades de reincidencia de individuos como éste. Y es que la existencia o no de pedofilia no se puede atribuir a una única causa. Los programas más pragmáticos con garantías de cambio de este trastorno psicopatológico, incluyen necesariamente el abordaje de las carencias personales, las creencias misógenas, carencias relacionales, expresión inadecuada de hostilidad, etc.
 
La mayoría de los especialistas en este campo de los trastornos parafílicos coinciden en que con el tratamiento un pedófilo puede aprender a controlar su conducta paro la inclinación sexual en sí no cambia. Un tratamiento adecuado estará dirigido a que los afectados asuman la responsabilidad de su conducta, a controlarla, y a renunciar a todo tipo de contacto sexual con menores. Este objetivo no sería en realidad tan complejo de conseguir si no fuera porque el pedófilo que muestra preferencia por los niños de su entorno cercano, como el pedófilo pederasta, sicopático y antisocial, esquizoide y sádico, y homicida en potencia, comparten similares  distorsiones cognitivas como al de considerar que "las caricias sexuales no son en realidad sexo y, por ello, no se hace ningún mal".
 
El pedófilo es mentiroso y manipulador - estas características se han incrementado exponecialmente desde la aparición de Internet y las redes sociales - puede planear muy eficientemente su delito. Si bien el pederasta es impulsivo y actúa sobre situaciones estresantes, sobre todo cuando sus víctimas suelen ser desconocidas para él (aunque no siempre), siendo su modus operandi la coerción, la manipulación y el uso de la fuerza. Suelen correr muchos riesgos en sus acciones criminales; el pedófilo preferencial suele actuar de manera más seductora, es pródigo en atenciones, manipulan a los niños dándoles regalos, prometiéndoles cosas.
 
Entonces...

¿Tiene tratamiento o no la pedofilia?

Como acabamos de comentar, la pedofilia puede ser controlada, de lo que no se puede hablar ni ofrecer es "la curación". En algunos de estos sujetos, se puede avanzar en el conocimiento de su impulso y dotarles de recursos que les permitan ejercitar control, de estrategias de cognitivas y de conducta que permitan una "abstinencia controlada", parecida a las que utilizan algunos alcohólicos en rehabilitación.
En la actualidad también se utilizan tratamientos farmacológicos en base antidepresivos IRSS, eficaces normalmente para el tratamiento de depresiones y de trastornos de ansiedad e impulsividad, que producen un cierto efecto positivo o éxito en el retroceso de las fantasías y el deseo  sexual así como en la masturbación. En plena discusión y polémica tenemos a la castración química: algunos confían en ella como el remedio para que los delincuentes parafílicos no sean reincidentes; otros dudan científicamente de su efectividad y advierten de la posibilidad de aumento de conductas pederastas violentas  en los castrados químicamente.

 

EL MEJOR TRATAMIENTO SERÁ SIEMPRE EL DE ESTAR ALERTA Y

PROTEGER A LOS NIÑOS

NO DEJEN DE VER ESTE VÍDEO DE UNICEF.
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Blas Ramón Rodríguez. Psicolabor. VisaVis Psicólogos.