La vida es bella: crónica de las personas majaderamente infelices

Blas Ramón Rodríguez ©20120123

 

La búsqueda de la felicidad en una de las mayores aventuras de los seres humanos. La revolución científica que se viene produciendo en los últimos 60 años y que, entre otras muchas cosas, ha permitido que, la búsqueda de la felicidad, aunque sigue y seguirá siendo un camino incierto, sea algo que se sitúa más al alcance de nuestras manos.

 

Sabemos que existen imponderables actuales inducidos por la mente humana, como las amenazas globales provocadas por el armamentismo de destrucción masiva, las acciones que nos colocan al borde del colapso energético, o los usos perversos de las manipulaciones tecnológicas,  que amenazan el futuro de la humanidad y, lógicamente, la felicidad de las personas. Sin embargo, más del 40% de nuestras probabilidades para ser felices depende de nuestra capacidad para el cambi; por lo que podemos considerar que la felicidad, que es una emoción mediada por nuestro sistema límbico, depende más de nuestras decisiones que de nuestros sentimientos.

 

 

¡Hay millones de personas cuyas vidas oscilan entre la felicidad y la infelicidad dependiendo del día, las situaciones personales o las circunstancias que las rodean.  En este artículo nos centramos en aquello que puede estera en nuestras manos  manejar para tener una vida mejor, con más calidad y con peridos de felicidad más prolongados y frecuentes. Evitaremos la charlatanería de hablar de la felicidad como algo constante, ya que la tristeza forma parte de nuestras vidas y es consustancial a la posibilidad misma de vivir con mayor felicidad.

 

Todos tenemos malos días, malas semanas e incluso meses de tristeza que parece que no acabarán nunca. Quien no experimenta la dicotimia felicidad-tristeza debe ser que acaba de aterrizar de marte, o lo que menos inverosimil y más comprensible para nosotros, que cree que su mundo de falta de responsabilidades, de aunsecia de empatía, sobrealimentado y despreocupado....es el mundo feliz

 

 

¿Por qué uno se pone a hablar de la felicidad, o de la infelicidad? 

 

Este es un asunto en realidad bastante manido, es decir, algo que despierta tanto interés que todo el mundo habla sobre ello. Todo el mundo puede hablar sobre ello, tiene derecho. La felicidad y su contrario son emociones que nos afectan a todos en casi todos los momentos de nuestras vidas. Después hay quien se sube a una tarima o escribe un libro de autoayuda hablando de la felicidad. Algunas de estas personas resultan interesantes por lo que dicen, que suele ser consecuencia de experiencias personales e investigación, que además pueden contener elementos que nos ayuden a mejorar nuestra propia experiencia e incluso a aprender estrategias que nos favorecen.  Uno se puede encontrar a si mismo en lo que otros nos regalan para cambiar lo que sea necesario cambiar. Y hay otros individuos que su discurso sobre la felicidad o la infelicidad es charlatanería.

 

Para escribir este artículo no he necesitado acudir mucho a los primeros, lo suficiente para no irme por las ramas.

 

Les expongo aquí una sencilla crónica de aquellas conductas, pensamientos y comportamientos que nos ponen más difícil encontrar espacios de mayor felicidad. Se trata de argumentar una serie de cuestiones sobre hábitos de infelicidad que abordaré en una próxima conferencia y en un libro que tengo en esqueleto vivo y del que los amigos me recomiendan que escriba o que no lo haga, pero que deje de dar la murga de una vez.

 

Mis ideas también tienen que ver con la discriminación, la discapacidad, el desamor, la visión de las cosas frente a la muerte y, sobre todo, con las ganas de vivir; de que pase lo que nos pase, hay que hacerse a la idea de que antes que nada hay que vivir, y para eso suele ser habitual que tengamos que cambiar.

 

En esta crónica recojo los factores que suelen ser más comunes entre las personas con una notable tendencia a la infelicidad, entre la gente que parece manerarse mejor en el pesimismo y la pesadumbre; en quienes practican el victimismo y  convierten a la tristeza en lo que no es: una forma de satisfacer sus necesidades afectivas.

 

La primera vez que vi "la vida es bella", me quedé quieto como una estatua mientras pasaban los créditos finales.  Recuerdo que mis pensamientos se habían dividido en dos. Por un lado el impacto de la dureza de la realidad de la vida, de la brutalidad a la que es capaz de llegar el ser humano, y por otra los pensamientos optimistas de la capacidad humana para superar las adversidades más extremas.

Felicidad e infelicidad conviven en esta película de Benigni de una manera descarnada, denudas en toda su dimensión. Ante la dureza de la vida

 

 

 

La vida es bella", posiblemente sea el más hermoso canto a la vida y al optimismo, que haya hecho la industria del cine jamás. Roberto Benigni logra crear una película, donde los momentos de comedia y de drama, se suceden con una gran inteligencia y sobre todo, con una maestría fuera de toda duda.
La historia es desenfadada, tierna, pero al mismo tiempo posee una gran profundidad y desde una óptica positiva, el italiano recrea lo que significó el holocausto nazi. Todo ello, impregnado con su peculiar estilo y su manera tan personal, de entener el cine y los aspectos de la vida.
Hay escenas geniales, planos bellísimos, momentos en los que aparecerán sonrisas y otros, donde incluso se escapará alguna lágrima. Además, la banda sonora es magnífica y las interpretaciones de los actores, increíbles.
En definitiva, todo es maravilloso en "La vida es bella" y se trata de una película, que con el paso del tiempo adquirirá el carácter de clásico y que no dejará indiferente a nadie. Así que pocas veces, tantos premios fueron tan merecidos en una obra, donde por encima de todo reina el amor y eso, cuando se está rodeado de tanta barbarie, tiene sin duda mucho mérito.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Crónica 1: La vida es dura

La gente feliz sabe que la vida puede ser dura y suelen enfrentarse a los momentos difíciles con una actitud de curiosidad en vez de victimismo. Se hacen responsables de haberse metido en un lío y se concentran en salir de ahí lo antes posible.
La perseverancia ante la resolución de problemas -en lugar de quejarse por las circunstancias- es un síntoma de una persona feliz. Las personas infelices se ven como víctimas de la vida y se atascan en la actitud de "mira lo que me ha pasado" en vez de buscar una salida al otro lado.
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Blas Ramón Rodríguez. Psicolabor. VisaVis Psicólogos.