La alimentación terapéutica en los ataques de bulimia

Blas Ramón © 20110501

Muchas más mujeres que hombres sufren episodios de bulimia o están ya afectadas por un trastorno patológico de bulimia nerviosa. Las más afectadas son niñas adolescentes y mujeres jóvenes. Casi todas ellas (y en los casos de varones también) son conscientes de que su patrón de alimentación es anormal y experimentan miedos y culpas cuando se producen los episodios de atracón, ingesta excesiva y purga de los alimentos consumidos.

 

Decimos casi todos, porque en los casos de trastornos de la alimentación en personas con discapacidad intelectual, esta conciencia del problema es más difícil de establecer. De igual manera, en todos los casos la presencia de bulimia es diferente porque se trata de una enfermedad en la que adquiere importancia determinante factores genéticos, psicológicos, traumáticos, familiares, sociales y culturales, si bien, en los aspectos psicosociales podemos establecer patrones de conducta similares. Los episodios de bulimia se caracterizan por atracones de alimentos ricos en azucares y altos contenidos en grasa. La necesidad de saciabilidad hace que se rechacen alimentos bajos en calorías, sentirse al límite del reventón es la forma en cómo la bulímica afronta los conflictos de ansiedad. En esta pérdida obsesiva del control, la persona deambula entre la inhibición de la realidad y el autorrechazo a sí mismas. 

¿Qué es la bulimia nerviosa?

La bulimia nerviosa es un trastorno de la alimentación que se caracteriza por episodios repetidos de ingesta excesiva de alimentos en un periodo corto de tiempo. Esto se une a una preocupación excesiva por el control del peso corporal, lo cual le puede llevar a utilizar métodos para controlar el aumento de peso.

 

La persona que padece bulimia se ve gorda, tiene una idea distorsionada de su propio cuerpo, aunque presenta un peso normal y presenta sentimientos permanentes de insatisfacción corporal, miedo a engordar, no es capaz de controlar sus impulsos con la comida y no puede resistir el deseo de realizar un atracón.

 

Las personas bulímicas con frecuencia están en un peso normal, pero pueden verse a sí mismas con sobrepeso. Debido a que el peso a menudo es normal, es posible que los demás no noten este trastorno alimentario. La terapia que suele ser efectiva en estos pacientes, especialmente en aquellos que se encuentran en una fase inicial del problema y en aquellos otros más avanzados pero que no tienen comorbilidad con anorexia, depresión mayor o requieran farmacología para el control de las purgas, son la psicoterapia por pasos y los grupos de apoyo. Existe evidencia de la eficacia la terapia cognitivo conductual (TCC) y la nutricional, como tratamientos para la bulimia que no responde a los grupos de apoyo.

 

Sin embargo, cabe reseñar que el tratamiento de los trastornos de la alimentación en general, y de la bulimia en particular, requiere de un enfoque multidisciplinar, es decir, a veces se necesitan ensayar muchas terapias para superar este difícil trastorno. La realidad terapéutica nos pone ante la evidencia de que muchas jóvenes abandonan los programas terapéuticos porque estos han creado en ellas pocas expectativas realistas de “curarse”; la inexperiencia, la osadía y hasta la falta de ética de algunos profesionales, tienen a veces una gran responsabilidad en estos abandonos. Hay que tener muy en cuenta que se trata de un proceso doloroso en el que la afectada/o y su familia necesitan hacer un gran esfuerzo y necesitan depositar su confianza en el terapeuta.

 

Lo primero es intentar que los alimentos que la paciente tenga a su alcance sean, en la medida de lo posible de fácil disgregación y que sean de sabor y aroma agradable y estimulante. En el caso de los alimentos que satisfacen la necesidad obsesivo-compulsiva del trastorno bulímico, será necesario que se realice una ingesta controlada con identificación de los mismos como motivadores del problema de ansiedad. El consumo de estos productos no se puede eliminar de la dieta de la paciente por dos razones fundamentales, porque su consumo moderado y equilibrado ayuda a promover saciedad retrasando el vaciamiento gástrico y porque su prohibición sólo contribuye a la exacerbación de la conducta desadaptada. La serotonina (neurotransmisor cerebral relacionado con los estados de ánimo y con la regulación del apetito, entre otras importantes funciones) desciende considerablemente en el Sistema Nervioso Central de las personas bulímicas, tanto cuando la enfermedad se ha cronificado, como en los episodios de atracón, por tanto los alimentos que debemos conseguir que el paciente introduzca en su dieta de forma equilibrada y controlada deben ser ricos en triptófano (aminoácido fundamental en la nutrición humana): como carnes rojas y blancas, anchoas, huevos, almendras y nueces. Los productos lácteos son también muy importantes en la dieta de los afectados por episodios de bulimia porque contienen todos aquellos nutrientes que permiten un estado de equilibrio en el metabolismo basal y ayuda a que que la caída de éste estimule la ingesta descontrolada de alimentos. El consumo de ácidos grasos esenciales, frutas y verduras también deben acompañar a una dieta que forme parte de la estrategia terapéutica para abordar, controlar y superar tanto los episodios de bulimia, como la enfermedad de bulimia nerviosa.

5 factores de riesgo de bulimia nerviosa

 

 

1. Hacer dieta. En algunos casos, al dejar de ingerir carbohidratos, la persona se priva de un importante supresor del apetito, lo que hace que sienta un deseo incontrolable de comer. Además, las dietas estrictas pueden afectar a ciertos neurotransmisores cerebrales como la serotonina, lo cual predispone a la bulimia.


2. La influencia social. El cine, la televisión, la publicidad, la moda... transmiten constantemente mensajes que indican que es necesario estar delgado para ser feliz y tener éxito. Para conseguir ser aceptados socialmente, cada vez más jóvenes tratan de modificar su apariencia física, utilizando métodos que ponen en peligro su salud.


3. La incorporación de la mujer al mundo laboral supone un cambio en los hábitos alimenticios de las familias, al faltar una persona que establezca los horarios de las comidas y vigile su cumplimiento. De esta forma, los adolescentes están menos controlados y comen, o dejan de comer, sin el conocimiento de sus padres. Una mayor involucración del padre mejoraría este factor.


4. En las personas más vulnerables, problemas emocionales como el divorcio de los padres, el fallecimiento de un ser querido, la sobreprotección familiar, o antecedentes de depresión y otros trastornos mentales en la familia, pueden ser factores desencadenantes de un desorden alimentario.


5. Por otro lado, una excesiva preocupación por la figura y el peso puede ser un desencadenante de bulimia, así como la baja autoestima y el perfeccionismo.

 

Trastornos de la alimentación

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Blas Ramón Rodríguez. Psicolabor. VisaVis Psicólogos.