Poder terapéutico del juego y de los juguetes

 Blas Ramón Rodríguez © 20160527

LOS NIÑOS NECESITAN TIEMPO Y ESPACIO PARA JUGAR

JUGAR NO ES UN LUJO, ES UNA NECESIDAD

 

El principal efecto terapéutico del desarrollo de juegos con o sin juguetes es la autoexpresión, a través de la cual se produce una mejora en la comunicación de gran valor. En los juegos y con los juguetes los niños pueden expresar de manera más abierta y espontánea sus pensamientos y sentimientos, difícil de traducir solamente a través de las palabras. El juego es un espacio y un tiempo de comodidad para ellos donde se integra lo corporal, lo verbal, los pensamientos y los comportamientos. Se trata de una atmósfera vital amplia donde habita la autenticidad de cada uno y donde el niño se desenvuelve sin preocupaciones desarrollando con facilidad una autoestima alta. El juego brinda la oportunidad de percatarse del poder de ser un por derecho propio, de pensar por sí mismos y de tomar esas decisiones ayudan a descubrirse.

 

 

El juego, especialmente el juego con juguetes es muy adecuado para la abreacción, o descarga de emociones y afectos ligadas a recuerdos. Por medio del juego los niños recrean y alivian experiencias estresantes y también, en su caso, traumáticas, adquiriendo sobre ellas una percepción de poder y sensación de control sobre ellas. A través de las recreaciones repetitivas del juego, el niño logra gradualmente la asimilación mental necesaria para el dominio de pensamientos y sentimientos desagradables.

 

Otro de los factores destacados de los beneficios del juego y de los juguetes es el afecto positivo. Mientras juegan, la sensación de bienestar contribuye a que los niños se sientan con menor ansiedad o estado de ánimo bajo (por ejemplo: La ansiedad anticipatoria por eventos estresantes inminentes como una mudanza familiar, el inicio de la escuela, el nacimiento de un hermano o la visita al médico o el dentista puede ser disminuida si se representa ese suceso con antelación mediante los juegos). El juego añade flexibilidad a las conductas y, en consecuencia, facilitar la práctica de las habilidades adquiridas, permite al niño participar en roles sociales y tratar de crear y de resolver problemas complejos frente a tareas desafiantes. Los niños con más juegos libres (no confundir con la retahíla de actividades extraescolares) son capaces de reconocer mejor las emociones y de controlarse. El juego, además,  influye notablemente sobre el apego y mejora la relación. Es una evidencia que el juego facilita el vínculo emocional positivo entre padres e hijos.

Como decimos, son muchos los beneficios que aportan los juegos y los juguetes a la experiencia vital de los niños y de sus familias también. Por último, que no la última; el juego proporciona pruebas de realidad. Las experiencias de juego permiten a los niños interpretar las señales que nos envían las distintas situaciones sociales y ayudarnos a distinguir las fantasías de las situaciones reales. En el juego social de las simulaciones, los niños alternan a menudo entre los roles que están representando y su yo real.

Intervenciones socioeducativas

 

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Blas Ramón Rodríguez. Psicolabor. VisaVis Psicólogos.