Psicoterapia en la adicción al juego patológico

Blas Ramón © 20150326

La ludopatía o juego patológico se caracteriza por un impulso incontrolado por participar en diversos tipos de juegos de azar (loterías, máquinas tragaperras, bingos, apuestas, etc.) de una manera excesiva o desadaptativa, lo cual produce un deterioro de la vida del sujeto consistente en pérdidas económicas, problemas familiares, laborales, personales, etc.
A pesar de que todavía se observan ciertos rechazos o prejuicios sociales hacia los individuos que padecen ludopatía, hace tiempo que esta conducta es considerada un trastorno  psicológico. Por estas razones, cobra especial interés el conocimiento de los factores implicados en la génesis, eclosión y mantenimiento de la ludopatía, así como la necesidad de encontrar tratamientos terapéuticos eficaces para abordarla.
Uno de los tratamientos que ha venido demostrando mayor eficacia en el abordaje de esta patología es la terapia de aceptación y compromiso dicha terapia busca generar las condiciones para que el paciente aprecie los inconvenientes de la evitación de eventos privados, sensaciones o experiencias, así como sus efectos paradójicos, y decida aceptar tales eventos privados, sensaciones o experiencias porque esa aceptación está al servicio de la actuación impregnada de valores personales.
El primer paso en la aplicación de la terapia de aceptación y compromiso consiste en la discusión junto al paciente de la finalidad y utilidad de las estrategias de control/evitación que viene utilizando hasta ahora, para que entienda claramente que tales estrategias constituyen el factor principal de mantenimiento de su conducta-problema.  En esta primera fase se utilizan estrategias basadas en metáforas ad hoc en función del análisis funcional y topográfico del caso en cuestión. 
Sintéticamente podemos emplear metáforas diferentes para afrontar las sensaciones desagradables que surgen al afrontar el conflicto con el juego:
  1. Metáfora de los visitantes molestos: en esta metáfora, las sensaciones desagradables serían equivalentes a los visitantes molestos que acuden a una fiesta a la que no han sido invitados. Si el anfitrión les presta atención, estos le impedirán disfrutar de su fiesta, y si intenta echarlos, puede producirse un conflicto desagradable que arruine definitivamente la reunión. La solución sería ignorarlos y centrarse en otros invitados a los que sí aprecia.
  2. Metáfora de las alarmas: las sensaciones desagradables equivaldrían a múltiples alarmas que suenan estridentemente cuando hay algún peligro. Son útiles en cuanto nos avisan la proximidad de un peligro (en este caso las máquinas tragaperras), pero se vuelven insoportables si no se desactivan a tiempo. La cuestión es que están programadas para desactivase por sí mismas y cualquier intento externo por apagarlas de otra manera, hará que el sonido se vuelva más estridente aún

Siguiendo con la exposición del procedimiento terapéutico, tras conseguir que el sujeto experimente cierta desculpabilización, asuma que seguir jugando tiene consecuencias muy negativas a mediano-largo plazo para él (agravamiento de las pérdidas económicas, discusiones familiares, etc.) y comprenda que intentar controlar el impulso de jugar es contraproducente, el siguiente paso de la intervención consiste en plantearle su compromiso con la decisión de abandonar la conducta de juego, ahora que sabía que no podía evitar o controlar el hecho de “sentir ganas” de jugar. Es decir, abandonar la conducta de jugar implica necesariamente aceptar y sobrellevar toda la activación fisiológica desagradable que el sujeto experimenta cuando se encuentra en contacto con el objeto estímulo: la máquina tramonedas, las apuestas online, los casinos y bingo, llevar dinero encima. Es en esta fase cuando se expone y propone al paciente la alternativa terapéutica de aceptar las ganas de jugar como una experiencia aversiva. Es de suma importancia que el afectado asimile esta experiencia como negativa de la misma manera que entiende otras de su vida cotidiana (con anterioridad habremos averiguado que experiencias vitales le resultan muy negativas e insoportables y que es capaz de rechazar nuestro paciente). La interiorización de la experiencia de juego patológico en comparación con estas otras situaciones desagradables que el paciente rechaza contundentemente, facilita incorporar la conducta de juego patológico al repertorio de situaciones rechazadas por el sujeto.

En las últimas sesiones de la intervención psicológica el paciente ha de estar firme y afirmativamente comprometido y desarrollando la alternativa terapéutica. En esta fase es donde resulta más factible que el sujeto establezca nuevos valores específicos en relación al rechazo del juego patológico. El afianzamiento de estos valores es otro de los pasos fundamentales de la terapia de la aceptación y el compromiso (ACT), alguno de estos valores pueden ser aquellos recuperados del ostracismo impuesto por la adicción, como pueden ser “querer ser buen padre”, “recuperar su nivel profesional” o “ponerse en forma”, entre otros muchos.  Finalizada estas sesiones, conviene dejar pasar tres o cuatro semanas para realizar un seguimiento del paciente, que si continua progresando positivamente en su recuperación y abstención del juego, se da por finalizado el tratamiento.Desde la óptica de la psicoterapia breve, centrada en soluciones prácticas, eficientes  y rápidas,  y por tanto  menos dolorosa para el paciente, podríamos resumir lo comentado sobre la ACT en cinco sesiones: la primera de recogida de datos clínicos, una segunda sesión en la que se explica al sujeto el análisis funcional de su caso; en la tercera se desarrollan los procesos de asimilación mediante metáforas, los procesos paradójicos de la evitación experiencial, en la cuarta sesión se trabajan cognitivamente los pensamientos generadores de culpa y en la quinta y última se establecen los compromisos de elección de no jugar.

 

Adicciones psicológicas

Fuentes de información y documentación: Dr. Jiménez Díaz, Asociación Alternativa y Revista avances en  psicología latinoamerican

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Blas Ramón Rodríguez. Psicolabor. VisaVis Psicólogos.