Sexualidades Ignoradas

Blas Ramón©20160921

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Como en cualquier otro aspecto de la vida y las relaciones, en el sexo las capacidades serán siempre mayores que las discapacidades

 

Las relaciones interpersonales de las personas con discapacidad fuera del ámbito familiar o profesional han sido históricamente negadas, reprimidas o rechazadas por las familias de las propias personas con discapacidad, los entornos institucionales que los acogían y la sociedad en general. Esta realidad supuso que, la falta de contacto entre personas de distinto sexo imposibilitaba las relaciones heterosexuales entre personas con discapacidad, pero si influyeron sobre la aparición de mayores conductas homosexuales y masturbatorias. 

 

La asisencia sexual a personas con diversidad funcional comienza a ser una realidad.

Los seres humanos no hacemos sexo, sino que somos sexo. En toda Europa cada vez hay más personas que levantan la voz en favor de los derechos sexuales de las personas discapacitadas, pero no siempre encuentran un marco legal para desarrollarlos.

Casi nadie se cuestiona los beneficios terapéuticos de la asistencia sexual en la diversidad funcional. “El beneficio está en dar salida a unas necesidades que algunas personas no pueden satisfacer, aunque en función de la discapacidad, hay un impacto diferente en el cuerpo, ya sea motor o sensitivo"

La preocupación por la sexualidad emerge una vez la persona avanza en la rehabilitación y gana seguridad en el aspecto funcional.

 

A día de hoy las cosas han cambiado, especialmente gracias a la “desinstitucionalización” de los discapacitados y una mejor formación de las familias y de los propios afectados. Sin embargo, aún estamos lejos de que las necesidades y los derechos de estas personas en relación a las relaciones afectivas y sexuales se equipare al resto de la población.

 

Muchos de los programas de formación de la afectividad y la sexualidad en personas con discapacidad, principalmente con discapacidad intelectual y trastorno mental, no se ocupan de la educación para vivir la sexualidad; sus postulado tocan techo con facilidad al centrarse en la evitación de riesgos de los contactos sexuales. La educación sexual de todos, incluidas las personas con discapacidad, pasa por la promoción y la prevención de la actividad afectivo-sexual, y la participación de las familias en todo el proceso de educación para la sexualidad, como responsables de informar, asesorar y apoyar a sus miembros, desde su infancia, es esencial para adquirir una vida afectiva y sexual normalizada.

 

 

La calidad de atención y servicios a las personas con discapacidad, como hemos comentado, ha avanzado notablemente. Los programas de actuación incluyen la preocupación por la promoción de la vida independiente, la planificación centrada en la persona, autodeterminación, habilidades sociales y adaptativas, etc. Pero, se aplican estas iniciativas de igual manera y con recursos similares en el área de la sexualidad? La realidad, pese a los esfuerzos de las propias personas con discapacidad y de los que participan en los apoyos a las mismas, es que la sexualidad de las personas con discapacidad intelectual, sobre todo, sigue siendo objeto de  prejuicio, controversia o negación, y su consecuencia más inmediata: la discriminación. Una discriminación alimentada, además, por miedos e incertidumbres y una enorme falta de información sobre las necesidades e intereses afectivo-sexuales de las personas con discapacidad.

 

 

El derecho a la expresión sexual, el derecho a la intimidad, el derecho a ser informado sobre anticoncepción, atención médica y asesoramiento genético, son principios vigentes desde 1981, que posteriormente han sido reformulados en diferentes Convenciones (ONU,2006), Asambleas sobre los derechos de las Mujeres y Niña con discapacidad (Foro Europeo de la Discapacidad, 2011), etc., pese a lo cual aún encontramos resistencias psicológicas a la percepción del cuerpo de las personas con discapacidad  como cuerpos sexuados, capaces de experimentar sexualidad tanto a nivel biológico como emocional y que sabe expresar características eróticas a través de similares mecanismos a los que utilizan diferentes personas:  sensualidad, caricias, abrazos, gestos, etc.

 

En un curso que impartí sobre intervenciones socioeducativas en personas con discapacidad (ICSE,2016), el tema de la afectividad-sexualidad fue, sin duda, el que despertó mayor interés, y también algunas incertidumbres y reticencias.

 

En general, el origen de estas dudas se encuentra en la escasa o nula información que se tiene sobre sexualidad y discapacidad: un mundo invisible que se ha abordado mayoritariamente a través de programas  de educación afectivo-sexual. En algunos de estos programas la centralidad siempre se venía a situar en   en objetivos de información y evitación de riesgos físicos, como los embarazos no deseados o las enfermedades de transmisión sexual. Y no eran malos programas.

 

Otros abordaban el tema desde la perspectiva del riesgo psicosocial, esto es, desde la vulnerabilidad de muchas de estas personas al abuso y acoso sexual, a la violencia de género. Y también eran buenos programas socioeducativos.

 

Falsas creencias sobre sexualidad y discapacidad

 

 

Las personas con discapacidad deben casarse con personas como ellos.

Tratar el tema de sexualidad, contamina la 'inocencia' de la persona con discapacidad.

 

Las personas con discapacidad son asexuales.

 

Para que darles educación sexual , si no van a entender ni experimentarla.

 

La imposibilidad de moverse, representa imposibilidad de sentir placer.

 

La presencia de deformidades significa ausencia de deseo.

 

Las personas con discapacidad tienen hijos con enfermedades o discapacidades.

 

Las personas con discapacidad no se interesan por tener relaciones sexuales.

 

Las personas con discapacidad nunca podrán ser independientes, ni autónomas en su sexualidad.

 

Una persona “normal” nunca se fijaría en alguien con discapacidad.

 

 

 

 

Sin embargo no ha sido hasta hace relativamente poco tiempo que se han empezado a tener en cuenta  factores tan absolutamente funtamentales como las emociones, la afectividad y las  habilidades de las personas con discapacidad para alcanzar una buena relación sexual, plena y placentera, en el marco de la mejora de calidad de vida y de la salud.

 

Todavía, incluso, hay quien se pregunta, incluso en el seno de las familias de persona con diversidad funcional, especialmente si se trata de diversidad intelectual, psíquica o mental:

 

¿Tienen las personas con diversidad funcionalellas las mismas necesidades interpersonales, emocionales, afectivas y sexuales que el resto de la población?

 

Es obvio que SI.

 

¿Alguno o alguna de los que estais leyendo este artículo tendría algún problema en acpetar que las personas con discapacidad pueden vivir y desarrollar sus capacidades en su comunidad, incluida lógicamente todas las relacionadas con el sexo?

 

Probablemente NO.

 

Sin embargo, es en el seno de la propia familia de las personas con discapacidad donde el tema de la sexualidad presenta más silencios y miedos.

 

En este sentido, recuerdo un grupo de trabajo con padres que pertenecían a una asociación de personas con discapacidad intelectual. Una de las madres me preguntó si hacía bien poniéndole parches anticonceptivos a su hija, ya que temía la posibilidad de que se produjera alguna relación sexual en el centro ocupacional al que asistía, porque la muchacha había enseñado indiscriminadamente a todos sus compañeros el parche.

 

La respuesta, ya no mía, sino de muchos de los otros padres asistentes la hizo comprender que el problema no eran los parches, ni que los enseñara a todos sus compañeros, ni siquiera la posibilidad de que pudiera mantener algún tipo de relación sexual, sino la falta de comunicación con su hija y el tratar de que permanecieran en la invisibilidad las emociones, sentimientos e impulsos de su hija.

 

La comprensión de que la sexualidad humana no es solamente el contacto físico, la genitalidad, implica una relación interpersonal con todo lo que cada hombre o mujer es y siente. Naturalmente esto es aplicable a cualquier persona, a cualquiera.

 

 

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Blas Ramón Rodríguez. Psicolabor. VisaVis Psicólogos.